Alguna vez tengo esa necesidad de abrazar. Abrazar fuerte y no dejar de hacerlo. Así que en esos momentos, siempre pienso en Aneune, porque ella siempre está ahí, sea el momento que sea. Cuando abrazo a Aneune, me gusta apretar su cintura y dejar mi frente sobre su hombro, así que ella me aprieta fuerte por los hombros, y cuando aprieto más en su cintura, ella me acaricia el pelo. Y me siento bien.
Aneune huele bien. Huele a flores, a fresas. Huele a chucherías y a la tinta de los rotuladores con los que se mancha la punta de los dedos cuando dibuja. Aneune huele a tranquilidad, a risas y alegría. Aneune huele a paz, a madurez y a sonrisas. Así que supongo que Aneune, es más especial de lo que creemos los demás. O más de lo que yo creo. Porque ella es mi Aneune, y me gusta como huele.
Aneune nunca me pregunta qué me pasa, sólo lo hace cuando sabe que es necesario. Aneune sabe muchas cosas, así que siempre acierta a la hora de preguntar. Cuando le digo que no pasa nada, a veces le miento, pero es sólo porque yo mismo dudo de lo que me está pasando; y aunque ella sepa que le he mentido, no insiste, porque sabe que se lo voy a contar.
Aneune me apoya, y me aconseja. Me aguanta, que eso es todo un logro, y me da confianza. Aneune me demuestra que las personas cambian, pero que ella siempre será Aneune. Aneune siempre está dispuesta a ayudarme, a mí y a todo el que la necesite. Aneune simplemente es buena. Nos cuida a todos. Pero es mi Anuene. Porque después de todo, me cuida como a una hermana.
¿Ne, Aneune-san?




