Así que me tienes obsesionada. No paro de pensar en tus manos recorriendo mi piel, en una caricia lenta y sinuosa, trazando dibujos. Oh Dios, ¿Dónde están los destellos verdes como la menta de tus ojos? Los busco en cualquier mirada. ¿Dónde están los hoyuelos en tus mejillas, que salen cuando ríes? Los busco en cualquier carcajada. ¿Dónde está tu sonrisa de medio lado? Esa que sale cuando te digo que quiero que me des un beso. La busco en cualquier rostro. ¿Y tu piel? Blanca y cremosa. ¿Y tu calor? Que me quema en la distancia. Cariño, no te encuentro en ninguna parte. Necesito buscarte, necesito encontrarte. Necesito tenerte. De cualquier forma, en cualquier momento. Oh cielo, tengo tus manos aún apresando mi cintura, apretándola mientras hundes tu boca en la curva de mi cuello. Tengo tus dientes mordiendo mi hombro y una de tus manos apresando la mía, en un gesto tierno. Tengo aún tus besos quemándome los labios. Esos besos tan tiernos y a la vez tan... Tuyos... Que me excitan y a la vez me enternecen. Esos besos en los que me pierdo y que hacen que sólo pueda hundir mis dedos entre tu cabello - negro, suave y lacio - y decirte al oído que me gustan tus labios, para después deslizar los míos por la curva de tu mandíbula y apresar entre mis dientes la carne tierna de tu cuello.
Volverme loca entre tus brazos y hacerte reír. Encontrar cosquillas y obligarte a escucharme. Cantarte al oído y acariciar tu pelo. Decirte que mañana te echaré de menos. Mentirme; morderme la lengua y pensar que decirte que te quiero solamente me hará llorar. Mentirme. Sólo mentirme a mí, porque decirte una mentira a ti es demasiado difícil. No sé cómo lo haces, pero siempre logras saber lo que pienso. Siempre sabes cuando te voy a pedir un beso. Siempre sabes el momento en el que quiero un abrazo. Siempre sabes cuando prefiero la media sonrisa o esa preciosa sonrisa completa, que me quita el aliento.
Realmente... Siempre es tu sonrisa la que marca la diferencia...
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