miércoles, 8 de junio de 2011

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Quiero -exijo- que alguien me mire y me diga qué ve. Últimamente me miro y no me reconozco. Pienso en recuerdos de hace poco, que me parecen tan lejanos que a penas logro alcanzarlos con la punta de mis dedos. Siento la presión en mi pecho, y a veces es como... Como si ellos me atrapasen en sus redes. Hacen que me retuerza, tratando de liberarme de la sensación de desasosiego. Soy una mujer manipuladora. Soy controladora. Soy obstinada. Soy mandona. Nadie alza la voz si yo puedo hacerlo más fuerte y del mismo modo que hago florecer sonrisas con un "Te quiero", puedo cortar cabezas con una mirada, o escupiendo palabras que son verdades como puños. No soy diferente a la realidad, simplemente soy... 
Bipolar.
Porque durante un momento, doy amor por doquier, y regalo besos, y sólo quiero reír y reír. Y solo doy amor con los ojos; juego a atrapar palabras y recuerdos, que se balancean en la brisa del próximo verano. Y del mismo modo, unos segundos después, nadie me puede tocar. Porque del mismo modo que antes era el sol, puedo ser la luna, fría y blanca. Helar la sangre... Helar la sangre de cualquier crío en algún pasillo, mirarle desde mi altura con ojos fríos y ver como tropieza con sus propios pies, es un placer casi mórbido.
Soy cruel. 
Una vez dijeron de mí, que amarme era como intentar atrapar el aire con las manos. Y saber que escapaba de las manos de aquel hombre que tanto me había torturado, era algo que me encantaba. Había escapado, y le volvía loco que me fuese así, como un suspiro exhalado en el Nirvana. Le volvía loco de rabia e impotencia saber que yo era la más tierna brisa de verano, con punzadas del frío del Invierno.
Y amé saber que le había marcado tanto. 
Y ¿quién sabe? Me ahogo en palabras de amor propio. Porque soy bonita. No soy preciosa. Ni mucho menos hermosa. Pero tengo una sonrisa segura, y unos ojos que se derriten como el chocolate y que de repente, se vuelven el más duro caramelo. Aunque nunca pierden su dulzor. He aprendido a cerrar mi alma a cal y canto en un segundo y sin embargo, no logro dejar de dar amor con la mirada.
Porque por muy fruncido que tenga el ceño, siempre seré horriblemente maternal y trataré a todos como crío irresponsables. Siempre me voy a poner de ejemplo para las cosas malas, cuando también he hecho cosas buenas. Soy una maldita zorra egocéntrica. Soy frígida y tierna a la vez. Alzo la barbilla mientras camino, porque sé que tengo derecho a hacerlo. Me regodeo en mi propio placer morboso y auto-suficiente. 
Me he convertido en dos personas.
Una que me gusta, otra que adoro. Me quemo y revivo una y otra vez entre miradas tiernas y miradas frías. Me quemo las manos en caricias imaginarias, porque no olvido la suavidad de su cabello negro. Así que castigo mi piel cerrando los puños. Y me abrasan los ojos porque quiero mirarlo con ternura, así que vuelvo las pupilas frías, para ser altiva y aristocrática, y enfundarme en un traje que no es el mío, pero que le he tomado prestado a la zorra que vive dentro de mí.

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