Así que no termino de encajar las palabras. He decidido que quiero desarmar el rompecabezas en el que te has convertido, y analizar cada una de las piezas. Algunas no encajaran - y voy a tener que apartarlas; y las que se puedan quedar no harán ninguna forma, y sus colores y dibujos serán difusos. Así que no lo entiendo. No entiendo nada.
No me entiendo.
Por que puedo hacer las cosas con una precisión que hasta a mí me extraña. Porque soy detallista hasta la última coma. Porque no soporto que algo sobre o falte; y sin embargo, que falte o sobre algo contigo, me encanta.
Te sobra belleza y te falta ternura.
Te sobran sonrisas y te faltan motivos para tenerlas.
Y no lo entiendo. No me encaja nada. Todo tenía sentido; todo era sólido. Y ahora he perdido el rumbo y la vida se ha vuelto líquida, escurriéndose entre mis dedos como si fuese agua. Y no soporto ver como cada gota se estrella contra el suelo. Y odio que algunas de ellas sean gotas de mi tiempo.
Tiempo que te dedico pensándote.
Tiempo que te dedico queriéndote.
Tiempo que ya no sigue las agujas del reloj. Tiempo que ya tiene su propio cronómetro. Tiempo que va acorde con cada paso que doy, al ritmo de melodías tristes. Y no soporto sentirme vacía, por algunas palabras a otra que nunca me dirás. Y si tuvieras dos dedos de frente te darías cuenta de las cosas que me duelen. Y si yo los tuviera, dejaría de ser masoquista y haría lo que me conviene.
Pero soy ambiciosa.
Horriblemente ambiciosa.
Y también soy vanidosa.
Terriblemente vanidosa.
Así que no me voy a rendir. Porque te puedo dar más de lo que ella te está dando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario