viernes, 6 de enero de 2012

Etéreo

Las mañanas etéreas, suaves, a veces un poco grises y tus brazos en mi cintura. Se hace raro despertar sola, enredada en las sábanas que no huelen a ti. Es extraño mirar hacia mi derecha y no verte dormir, con el pelo en la frente, revuelto, y tus dedos agarrando mi muñeca, porque te has vuelto a entretener jugando con mis dedos. Es maravilloso tenerte así, tan sencillo y tranquilo, porque puedo mirarte horas sin que te enteres. Y te miro. Horas. Horas que parecen una eternidad. Horas que quiero que sean una eternidad. Y cuando despiertas siempre es porque juego con tu pelo. Tus ojos parecen verdes cuando los abres a la luz del nuevo día; luego cambian a un profundo gris y después de besarnos siempre vuelven a ser una mezcla de esos dos colores con un toque de marrón. Y los miró. Me pierdo en ellos y me vuelves a besar. 
Dices que te gusta ver la sábana pegada a mi piel, y a mi me gusta sentir su tacto en mi cintura mientras acaricias mi espalda. Me besas en las noches oscuras y alejas las pesadillas. Dices que no me enfade y con una sonrisa borras mis dudas. Me arropas en las noches frías, besas mi frente, apartas mi cabello suavemente y me miras fijamente. Después dices "Te amo", y cuando lo haces, el día parece aún más claro aunque fuera sólo hay oscuridad. Te acuestas cada vez más tarde, y cuando vuelves a la cama tengo que hacerte un hueco. Aprietas mi cuerpo al tuyo, acaricio tu pelo con la punta de mis dedos, y sólo dices "Duérmete", así que cierro los ojos y luego el primer párrafo se repite.
Eres pura oscuridad, y a veces eres pura malicia y maldad. Me gastas bromas de muy mal gusto, y a veces me haces llorar, pero siempre te arrepientes. Creo que esperas que me haga más fuerte. Creo que quieres que afronte las cosas como una estatua. Creo que quieres evitar que vuelva a llorar por motivos aparte. Sé que odias verme llorar. Sé que odias saber que a veces lloro por tonterías porque me guardo cosas muy grandes dentro. Eres mi mejor amigo, mi diario, mi lienzo viviente y personal. Lo más grande de mi mundo, lo más perfecto de mi planeta. Algo que me traga y consume con un gesto. Y te sigo. Te seguiré hasta el final. Estoy tan orgullosa de ti. De los dos. De que todo valla tan bien. De que tu sigas siendo tan... Tú.

sábado, 17 de diciembre de 2011

*

"Vas a estar bien. Lo sé. Y yo estaré contigo. Siempre. Siempre para ti. Así que prométeme que vas a estar bien. Prométeme que vas a ser feliz. Prométeme que me vas a olvidar. Yo me acordaré de todo por los dos"
Y prometiste. Las dos primeras a la primera. La tercera promesa quiero creer que te costó, porque tardaste más en prometer. Pero prometiste. Y duele. Hubiese preferido que me abrazases con fuerza, para no dejarme respirar. Para ahogarme. Para que me mataras. Para que acabaras conmigo de una vez, rápidamente; no como ahora. Que me consumo a fuego lento, sin pausa y casi sin descanso. Esto se está convirtiendo en una tortura. No sé nada de ti. No sé nada de lo que ha pasado en tu cabeza desde que me fui de allí. A tu lado no deje solo un montón de lágrimas desparramadas por la colcha. En tu almohada dejé todos mis sueños. Entre tus sábanas dejé cada caricia que te debía. En el aire que te rodea he dejado mi presencia. Entre tus libros he deslizado los dedos, para recorrer esos mundo que me habría gustado leer. Entre las hebras de tu cabello he dejado miles de promesas, que iba a cumplir. En tus labios quedan restos de mi gloss rosa con purpurina que usaba cuando nos conocimos. En tus ojos he dejado cada una de mi miradas llenas de ternura. En tu cuello están las marcas de mis mordisco. He dejado dentro de tu cabeza millones de recuerdos y planes. Quiero creer que todas esas cosas que he dejado a tu lado y contigo no las vas a olvidar y me vas a buscar, pero sé que no estarás. Sé que las cosas se han ido fuera  de contexto. Sé que al marcharme dejé claro que las cosas no estaban bien. Siempre decías que si me marchaba, todo se acababa. Y un día incluso dijiste que temías el día que me marchara. Me contabas cosas que nadie más sabía - y que jamás nadie va a saber. Sabes cosas de mí que nunca nadie supo ni sabrá. Y aprendiste a encontrar la paciencia para saber amarme. Y me amaste. Me amas. Y sé que nadie me amará jamás como tu has logrado amarme. Y sé que las mañanas a tu lado en la cama se han acabado. Adiós planes. Adiós tardes a no hacer nada. Adiós críos, y casa de paredes azules. Adiós a la vida idílica que nos prometimos y que queríamos tener. Sé que otra disfrutara de todas esas cosas, que yo pude haber tenido, pero que nunca merecí.
Tengo una cadena de la que cuelga una alianza - Cadenas y Tinta. Tengo una pequeña hoja con bordes irregulares en la cartera, con forma de corazón, que me diste para no olvidar jamás el maravillo fin de semana juntos. Tengo cuatro cartas de Maggic guardadas. Tengo el precioso bolso de las 400 Gallinas. Tengo el fabuloso libro de "Breakfast at Tiffany's". Tengo miles de canciones que me recudan a ti. Que me están matando un poco más. Y necesito tenerte. Recuperarte. Porque tengo miedo de que otra ya halla probado tu boca. Porque me da miedo saber que para olvidarme buscaras a otra. Pero escúchame. Puede que todas ella  sean mejores que yo, pero ninguna te va a amar como yo te amo. Y puede que otra te haga más feliz de lo que yo te hice, pero ellas nunca serán tinta. Tinta que se deslizaba entre tus dedos y pintaba el mundo de infinitos COLORES.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Mañana.

No has borrado cada rastro de mi.Tampoco lo he hecho yo. He decidido cambiar algunas cosas ahora. He decidido hacer prioridades. He decidido que quiero escribirte, en caso de que sepas llegar a esto, para decirte que las cosas han cambiado. No, no he dejado de quererte. Y tengo la esperanza de que tu no hayas dejado de quererme. Tengo esta nueva necesidad... Recuperar el tiempo perdido. Tiempo perdido con los demás, pero también tiempo que no me he dedicado. Tengo muchos libros que leer, muchas risas que sacar, muchas palabras que gritar, muchas personas que conocer, muchas cosas que estudiar, muchos mimos que retener, pero más que nada, tengo mucho amor que enviarte. Enviarte a escondidas, y quizás también, ilegalmente. Pero no te olvido. Tampoco pienso hacerlo. Voy a dedicarme a mi, a mis amigos y a tus recuerdos. Tengo la alianza en la mesita de noche, y unas cuantas palabras que quiero soltarte.
He llegado a varias conclusiones, que realmente me encantaría decirte. Conclusiones sobre mi, sobre ti y sobre los dos. Sobre nuestra gran historia de amor. Sobre nuestro gran "¿Por qué?". Sobre nuestro gran momento. 
Te quiero. Ni lo niego, ni lo olvido, ni lo supero. Simplemente eso. Dos palabras, que juntas, forman tantos mundos, tantas ilusiones y tantísimos recuerdos que a veces se quedan cortas para expresar lo que siento por ti No sé si tendré que aprender a vivir sin ti tarde o temprano, pero por ahora... Prefiero centrarme en otras cosas.

domingo, 30 de octubre de 2011

Canciones

... que me saben a recuerdos. A tus besos mañaneros; a tus caricias en las tardes lluviosas - tus dedos recorriendo mi cadera y mi espalda mientras escucho los latidos de tu corazon -; a tus abrazos suaves y ligeros en las noches áridas, los dos bajo la misma manta, entre las mismas sábanas, en el mismo cóctel de cama. Canciones, puramente tuyas, que te sabes de memoria, que tarareas en mi oído, pero que nunca me cantas pero que yo escucho igualmente salir de tu preciosa boca. Canciones, que saben a despedidas; a llantos controlados y heridas mal curadas. Canciones, que hablan de miradas ausentes, de caminos cruzados, de decisiones mal tomadas, y de personas que se han marchado. Canciones, que hablan de tu boca, de tu mirada, de tus dedos en mi espalda pintando una espiral infinita.Canciones, que hablan de mis ganas de llorar, de mis ganas de huir, de mis ganas de matar, de mis ganas de rezar, de mis ganas de escapar de mí y de mis engaños. De mí y de ese odio que me tengo de día y de noche. De mí y del mundo entero, porque nadie entiende esto que yo siento. Porque lo he dejado todo por ti, y no me arrepentiré jamás. Porque Le no me quiere como tu me quieres, y eso me basta. Pero si tu no me quieres... ¿quién lo va a hacer? Si tu no me aprietas y me das seguridad, ¿quién lo va a hacer? Si tu me dejas sola... ¿quién va a estar? ¿A quién voy a acariciar durante la noche? ¿A quién voy a besar con una sonrisa? ¿A quién voy a morder? ¿A quién voy a apretar? ¿A quién le voy a decir "Te amo"? ¿A quién? ¿A quién, si tu ya no estas...? Solo me quedan canciones, una alianza demasiado grande, miles de recuerdos y cientos de miles de ilusiones rotas. Rotas en miles de pedazos. Tan rotas como tu. Tan rotas como el cielo cuando los rayos lo desgarran. Tan rotas como esa cadena que eres tú y ese tintero que era yo.
Hay tres canciones que me recuerdan a ti a todas horas. Una no sé si cantarla ahora, porque quizás sea inapropiada. Porque quizás "Someone like you" es apropiada para dentro de un tiempo. Pero "Duerme conmigo" es simplemente nuestra canción. Y "La vereda de la puerta de atrás" es simplemente mi canción para ti. Porque no sé lo que debo pensar. Tampoco sé lo que quiero. Tampoco sé si quiero esto. No sé si debo seguir, tampoco si estoy estancada. Solo pienso en ganas de dormir, y en el momento en el que estoy en la cama, recuerdo tus brazos apretarme y pegarme a tu pecho, y me entran ganas de llorar, porque por muchas mantas que lleve, tengo frío. Porque no estas. Y me da miedo pensar que jamás volverás. Y me da miedo pensar que no me vas a querer más. Porque si dejas de quererme... ¿Cómo voy a seguir viviendo?


viernes, 28 de octubre de 2011

Cadenas y Tinta.

Se me ha hecho un nudo en la garganta. Se me ha acumulado algo en las entrañas. Tengo una sensación de vacío raro en el pecho. Tengo frío, y por una vez, no tiene nada que ver con que he perdido la sudadera - ironías de la vida, se ha quedado en tu casa -. Tengo canciones en la cabeza. Son todas esas que quería oírte cantar. Son todas esas que me tengo que aprender. Son todas las que me recuerdan a ti, a tu cama, a tu calor, a tus besos. Son todas las palabras que nunca supe decirte; todas las palabras que nunca supe revelarte; todas las palabras que jamás iba a decirte. Esa mirada y esa última palabra me han atravesado. Ha sido como si sintiese la punta del boli bic atravesarme y seguidamente poner sobre mi cabeza "ERROR". No he tenido ni el valor de pararte. Te has escurrido de entre mis dedos y la tinta se ha deslizado hasta mis ojos. He sentido la cadena tirar de los dos y después, he sentido como se rompía. Y te he visto marcharte. Cruzar la acera y subir la calle, mientras yo me he quedado ahí plantada, mirando mis zapatos, pensando que tenía que pararte y sintiendo que jamás tenía que volverte a ver. Sintiendo que jamás debía volverte a mirar. Por vergüenza. Y quizás también porque me odio. Porque antes tu me querías y eso compensaba el odio que me tengo. Pero ahora que no estás, no quedan besos que dar y me duelen las manos, porque ya no podré volver a enredar mis dedos en tu pelo. Esta es de esas veces en las que me pregunto qué será de mi. Qué será de ti. Qué será de la tinta, que ya no le quedan cadenas que la detengan. Así que te has ido. O más bien, yo te he echado. Y aún así, siento esa fina pero fuerte cadena aún en mi muñeca, esa que me unía a ti, pero que ahora cuelga en el aire. Como la tinta cuando se escurre por los bordes de la mesa

sábado, 8 de octubre de 2011

The Mortician's Daughter.

La hija del enterrador. Ya sabes, esa canción que te canté un par de veces mientras caminábamos hacia la Kame, tomados de la mano y mirándonos como dos idiotas. Ya sabes, esa mirada que se me queda siempre que se trata de mirarte a ti. No sé qué ha pasado exactamente, pero ahora mismo siento que esa es nuestra canción y que esa es nuestra historia. 
¿Recuerdas ese "te quiero" que dije en el puente? Me salió del alma. Más bien se me salió el alma con esas palabras. Dijiste que todo había acabado y después me llamaste, y cuando regresé me dijiste que no volviese, porque te habías equivocado. Ahora mismo solo recuerdo el último beso que nos dimos. Era húmedo y desesperado. Tenso, tierno y a la vez tan... extraño. Sabía a sal por nuestras lágrimas, y apretaste mi cara con tus manos para retenerme a tu lado. Dijiste que habías vuelto porque me quieres, y que no importaba todo lo que había pasado. Y yo pensé en hacer lo que me decía el corazón, pero tengo esa culpa metida en el cuerpo. Te dije que si volvía a fallarte yo misma me iría, pero se me ha hecho imposible. Es como si estuviera encadenada a ti. Porque llevo tu nombre tatuado en el alma y quiero llevarlo en la piel. Tu nombre tiñendo la piel blanca de mi nuca, en un mudo y agudo recuerdo de ti; de tus besos; de tu ternura; de tu frialdad; de tu inmenso amor. 
Quiero volver a apretarte. Quiero volver a casa; esa casa que son tus abrazos. Quiero regresar al cielo que es tu boca y quiero volver a perderme en la inmensidad de tu mirada. Quiero regresar a tu calor; a tu cama; a tu pasión; a tu fuerza y a tu amor. Quiero volver a tenerte detrás de mi, abrazándome por detrás, apretando mi cintura, besando hasta hacerme reír y después oírte decir "te quiero" en mi oído, de una manera tan tierna, tan dulce, tan sentida, tan maravillosa, tan tuya, que me estremecía. Que me volvía loca. 
Me vuelves totalmente loca. 
I love you more than I can ever scream. 

martes, 4 de octubre de 2011

*

Se me han trabado las palabras. Estoy haciendo la lista. Se me estan acumulando las pocas fuerzas que me quedan, y tengo ganas de apretarte. Tengo tu chaqueta en la cama de al lado, la he estado llevando hasta hace poco, pero el calor me asfixia, asi que he seguido escribiendo la lista con ella al lado, como si estuvieras tumbado sobre mis piernas mientras acaricio tu pelo; como cuando estamos en tu sofa.
Me estoy acordando de la tarde que hemos pasado. Con muchas emociones, con demasiadas palabras. Con arranques de tos seca, y ganas de estornudar. Con sexo. Sexo. Sexo. Muchísimo sexo. Y una tontería muy tonta que hemos hecho porque yo te he dejado y tú has perdido la poca cordura que te quedaba.
Estoy pensando que tengo miedo de que mañana todo te de igual. Estoy pensando en que te necesito más que a nada. Estoy pensando que me necesitas del mismo modo. Estoy pensando en que por un momento he pensado que ibas a empujarme y al final has tirado de mi. Fuerte. Un tirón decidido, casi dolido. Un tirón que más que arrancarme el brazo, me ha dado la vida. Un tirón que aún me sorprende. Y ver tus ojos llorosos debajo del flequillo fue como abatirme. Te amo. No sé como lo hago, pero solo puedo describirlo como enfermizo. Me quita las fuerzas, el sueño, las ganas de comer. Hace que solo estés tu a todas horas. Es tu olor pegado a mi ropa, tu voz en mi cabeza. Son tus caricias en mi piel, y tus mordiscos en mi espalda. Es tu peso sobre mi mientras estamos en la cama. Es tu sonrisa cuando te digo que no pares. Es tu ternura cuando te digo que eres increíble. Es tu ilusion cuando te digo que tendré a tus hijos. Son tus abrazos mientras caminamos. Es esa seguridad que tienes que me da seguridad a mi. Y no sé. Son tantas cosas que me agobian; que no me dejan respirar.
Muchas veces te digo que quiero que me quieras de la misma manera en que yo te quiero. Creo que ya lo hemos superado. Creo que esto que tenemos ya no es amor. Esto ya es... Indescriptible.
Y te he dicho que me ocuparé de tí. Te he dicho que voy a hacerte feliz. Y lo haré. Porque te lo mereces. Porque nos lo merecemos. Porque no puedo vivir sin ti. Porque curiosamente, tu sin mi tampoco.