En un cúmulo de dolores, risas y llantos. Dentro de un remolino de suspiros. Dentro de una espiral de añoranza. Dentro de un nuevo mundo que me ahoga y en el que estoy perdida. Dentro de mí, simple y llanamente. Metido en mi piel, debajo de cada fibra. Metido en mi alma, entre cada voluta de humo. Metido dentro de mi pecho, ocupando el lugar de mis pulmones. Dentro de mi voz, saliendo a borbotones. Te llevo dentro. Metido en cada resquicio de mi cuerpo. Como si ya no hubiese espacio para mí. Como si yo ya no fuese dueña de mí misma. Como si ya nada tuviese sentido. Como si tu lo controlases todo. Como si cada gesto fuese creado para ti. Como si cada mirada te buscase. Dentro. Dentro. Tan dentro que duele. Tan adentro que ahoga. Tan adentro que me hace llorar. Llorar porque es infernal. Llorar porque eres mi propio demonio, y aún así, te quiero.
Quererte. Quererte es como amputarme algo. Quererte es como tirarse de un acantilado. Quererte es como infravalorarse cada instante. Quererte es querer estar pegada a un teléfono las veinticuatro horas del día. Quererte es no querer ver el sol si no estás debajo. Quererte es no querer hablar si no es para decirte cualquier cosa. Quererte es tener miedo de tus silencios. Quererte es tener miedo de tu indiferencia. Quererte es destrozarse. Quererte es ser masoquista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario