El cristal reventó y al final, yo exploté.
Tengo que huir. Tengo que salir de aquí. Tengo que escapar. Me estoy ahogando.
Parece que ya sólo hay devastación. No encuentro el lugar. No hay hogar. Algo ha reventado dentro de mí; algo ha apagado el fuego del hogar; algo ha helado la sangre; algo ha partido mi destrozado corazón en algo más que no puedo definir.
Me he hundido en un ¿por qué? continuo. Me he dormido en un campo de flores, y he despertado en el tórrido desierto. ¿Dónde estás? ¿Dónde estás? ¿Dónde estoy?
No hay palabras que me alivien. No abrazo más, porque el peso de la gente me ahoga más que el mío. No lloro. Ya no hay lágrimas. Ya no hay picor en el lagrimal. Ya no hay gritos que sacar porque la garganta está anudada. Y sólo puedo pensar, irremediablemente, que daría lo que fuera por sentir las manos grandes tocar mi pelo, hundir los dedos en su piel y dejarme recorrer.
Quiero dejarme amar. Quiero dejarme querer. Tengo que volver a sentir.
Si tengo que ser cruel, seré cruel. Si tengo que ser frígida, lo será más que nadie. Si tengo que mirar al mundo por encima del hombro, directamente, no miraré a nadie.
Tengo que pisar a aquellos que me quieren pisar. Tengo que superarme. Tengo que ser la mejor. Tengo que ser mejor de lo que soy.
Da igual si parece que estoy muerta. Dentro tengo un corazón enfermo que late. No late por nadie, pero latirá hasta que a mí me dé la gana. Tengo una mente nublada, que pensará hasta que a mí me dé la gana. Tengo un sueño que cumplir y que pienso tener entre mi manos.
Tengo gente mala a la que patear antes de que me pateen a mí.
Tengo que demostrarle al mundo que soy buena. Que soy buena en todo lo que me propongo. Tengo que demostrar que no soy la oveja negra. Tengo que demostrar que sirvo para vivir en este mundo.
Y lo demás, los demás, no me importan nada.
Sólo importo yo. Mi mundo y yo.
Mi mundo que todos los días hace Crash, pero que logro volver a pegar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario