Si cada vez que me despierto, pudiese ver lo que más deseo en este mundo, sin duda, sin vacilación, serías tú. Sería ver tu largo, suave, sedoso y negro cabello esparcido por la almohada, y poder hundir mis dedos en el tiernamente. Sería poder ver tus ojos cerrados; ojos que guardan tanto dolor, tanta fuerza y que sin embargo tienen un brillo tan febril y suave, que hacen que me estremezca. Sería ver los suaves y finos labios, levemente pálidos, de sabor tenue que tengo grabado en la memoria; porque el sabor de tus besos, no puedo olvidarlo. Sería ver los brazos largos, suaves y fuertes, que acaricio siempre con la punta de mis dedos y que hacen que te estremezcas y te rías. Y dios. Tu risa... Tu risa es aún mejor que cualquier otro pensamiento que pueda surgir en mitad de la noche. Es como una bala que me atraviesa de lado a lado. Tu risa, acompañada siempre de esa media sonrisa que me arrebató el alma para que te la llevases, eso es lo único que hace que quiera seguirte.
Y así puedo estar el día entero. Mirándote. Mirándote y queriéndote; porque no hay cosa más cierta de que te quiero para mí sola ahora mismo. Para mí; sólo para mí. Porque te quiero. Te quiero. Te quiero
Te
Quiero
Y cada pensamiento que sale de mi imaginación hasta la superficie de mis mejillas, hace que se tornen rojas, y una sonrisa aflore en mi rostro; y una mirada tierna se derrita en mis ojos. No sabes lo que daría esas mañana por tenerte ahí, tumbado a mi derecha, a merced de mis manos que sueñan con acariciar tu piel otra vez; a merced de mis labios, que solo quieren volver a besarte; a merced de mis pupilas, que tienen tu imagen grabadas a fuego en ellas, pero que ansían más imágenes tuyas. Mejores imágenes.
Tú riendo.
Tú sonriendo.
Tú pensando.
Tú, mirando hacia cualquier parte para luego mirarme.
Y sonreírme. Y quererme.
Cuesta decirlo, después de lo que he vivido. Después de todo el miedo que aún guardo. Después de cada sueño roto. Cuesta decirlo, pero lo tengo que hacer.
Me he enamorado de ti. Perdidamente.
Pero, pese a sentir como mi boca se abre de horror con el pensamiento de confesarte este sentimiento, hay demasiadas cosas que me recuerda a él e inevitablemente, a ti. Cada una de las palabras de una canción; cada una de las declaraciones que leo en un libro; cada uno de mis deseos, son los que hacen que quiera decírtelo; repetírtelo día y noche. Decirte cada una de las cosas que despiertas en mí, y que no quiero volver a esconderte.
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