miércoles, 15 de diciembre de 2010


No me sueltes...
Esas fueron sus palabras, y me hicieron sentir importante. Entre sus brazos me sentía más segura, más feliz, más mujer... Mis dedos recorrieron distraidamente su brazo, ceñido a mi al rededor. Sentí sus labios sobre mi pelo, dejando un beso suave sobre mi cabeza. Me encantaban esas cosas. Eran pequeños detalles que hacían más llevaderas las cosas.
-¿Crees que esto va a salir bien?
-¿Por qué no?
Y desde lo alto del desfiladero, desde donde veía las olas agitarse y romperse contra el muro de rocas, tiró todos mis miedos, todas mis penas y todo mi dolor con un beso con el horizonte como testigo.

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