En tal actitud se hallaba de continuar sus quejumbres, cuando vino Pedro a advertir a Fray Lorenzo que se oía ruido cerca del murallón; siendo esto causa de que uno y otro se alejaran. Viéndose entonces Julieta sola y en plena libertad, se abalanzó de nuevo sobre el cuerpo de Romeo, lo cubrió otra vez de besos, cual si ninguna otra idea que la pasión imperara en su mente, y habiendo tirado la daga que aquél llevaba al cinto, se dio de puñaladas en el corazón, exclamando lastimeramente:
-¡Ah! Muerte, fin del infortunio y principio de la felicidad, sé bienvenida. No temas herirme en este instante; no prolongues mi vida un segundo si no quieres que mi espíritu se afane en buscar el de mi adorado entre ésos que ahí yacen. Y tú, mi dueño querido, Romeo, mi leal esposo, si es que aún sientes lo que digo, recibe a la que has amado fielmente y ha sido causa de tu fin violento. ¡Yo te ofrezco gustosa mi alma para que nadie goce después de ti del amor que supiste conquistar, y para que ella y la tuya, fuera de este mundo, vivan juntas por siempre en la mansión de la eterna inmortalidad!
Y esto dicho, rindió el último suspiro.

isles mama
ResponderEliminaren fin lexos
qe no se que say
solo pasaba e_e
D: